viernes, 25 de marzo de 2011

Perdona y pide Perdón

Ojo por ojo y terminaremos todos ciegos, dijo una vez Ghandi, y es verdad. Los deseos de venganza nos hacen mas daño a nosotros que a la persona que lastimó nuestros sentimientos
El perdón libera de ataduras que amargan el alma y enferman el cuerpo. El perdón no es olvido, no es olvidar lo que nos ocurrió.

No significa excusar o justificar un determinado evento o mal comportamiento. No es aceptar lo ocurrido con resignación. No es negar el dolor. No es minimizarlos eventos ocurridos.

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo. Pensamos que perdonar es hacernos íntimos amigos de nuestro agresor y por tal motivo lo rechazamos.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado. El perdón es una declaración que podemos y debemos renovar a diario. Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.

Elige perdonar y perdonarte porque el perdón es una decisión, no una simple intención, una idea o un vago deseo.

Mira con ojos de amor a los que te han herido: son niños en el camino espiritual y están enfermos del alma. Recuerda que el odio y la culpa te encadenan y que el perdón te libera, te da paz y te engrandece.

Perdonar es una experiencia liberadora; te armoniza, te ilumina y te llena de paz. No obstante, el ejercicio del perdón cuesta y lo más difícil es perdonarnos a nosotros mismos. ¿Por qué será que nos autoflagelamos de un modo tan inmisericorde? ¿Por qué nos castigamos con la culpa una y otra vez? En buena parte, porque eso es lo que vimos hacer a nuestros padres y también por creencias religiosas mal fundamentadas. Lo que necesitamos, entonces, es hablar de responsabilidad, no de culpa, reconocer nuestras fallas, aprender de ellas y mejorar

Deja de lado el orgullo o el perfeccionismo y acepta humildemente la fragilidad. La culpa te paraliza y te roba lo mejor de tus energías; la culpa y el odio te rebajan, te frenan y te impiden disfrutar el hoy. Por eso, si quieres ser feliz, pide perdón a Dios y a los demás, sé bueno contigo mismo, perdónate y perdona. Ya sabes que perdonar no necesariamente es olvidar sino recordar en paz.

Recuerda, también, que el perdón es un regalo que, ante todo, te das a ti mismo.

Perdonando desde nuestro corazón, logramos mirar los hechos tal y como sucedieron y luego decidimos dejarlos ir, dejarlos en el ayer.

Perdona para que puedas ser perdonado. Recuerda que con la vara que mides, serás medido.